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Calle Pedro Londero 3400 (Acceso Norte a 10 km de Paraná)

Paraná, Entre Ríos

Testimonio de Laura 

Escritora - Voluntaria en el programa de Alfabetización

Fue aquel primer martes de abril, cuando subí al auto, Charito al volante y Jimena atrás. Creo que hablamos poco y nada en el trayecto hasta la Casita Estrella. Llevaba mi libro, Vivir a la Deriva, una carpeta con mis cuentos e innumerables fotos del Delta del Tigre. Tampoco tenía clara cuál sería mi misión, me habían contado que era un grupo de gente que vivía a la orilla del río, en condiciones precarias y que las voluntarias con las que viajaba les daban alfabetización.


Les leí un cuento que se desarrollaba a la orilla del río. No hubo respuesta. Sólo miradas. Compartimos la merienda y regresamos. Tuve que hacer gala de todos mis conocimientos de coordinación de grupo para lograr que hablaran algo. Jimena fue un pilar extraordinario en mis futuras reuniones. Mis talleristas eran cuatro, luego seis, luego cuatro. La empatía fue surgiendo, María traía a su bebé de un añito, María Rosa contaba historias de su familia a la orilla del río, conocía ejemplares raros que venían en los camalotes. Nombraba las aves y sus costumbres, Alejandra había cursado la escuela y era la que mejor escribía. No podría decir cuanto aprendieron, si sé cuanto amor recibí y en que estado de excitación regresaba. Jugamos con palabras, inventé un juego con cartulina tijera y plasticola, aplausos cerrados coronaban mis clases. Un martes les di “tarea para el hogar”. Debían escribir un cuento, se juntaron para hacerlo. Me convocó la intriga. Después de leerlo no pude evitar las lágrimas. Camalote, se llamaba. Juan el marido de María fue al río a buscar uno, pues solo la foto no fue suficiente disparador.


Charito se encargaba de la merienda, una tarde llevé una torta, simple bizcochuelo. Insisto en decir que la emoción no se puede poner en palabras. Siempre nuestros temas giraban alrededor del río, pero un martes hubo eclipse total de sol. Les conté y la vimos por la ruta rumbo a nuestras casas. El auto se convirtió en sala de reunión antes y después de clase.
Debo decir que fui la más beneficiada pues tuve que volver a agarrar los libros, leer los textos y recortarlos de manera que todo estuviera al alcance de sus mentes. Enciclopedia en mano vimos un mapa geopolítico de Argentina…
Con estas emociones siempre a flor de piel, transcurrió el año, este que se va cerrando. Paraná me ha brindado muchas cosas. Una vida nueva, pero mi tarea de voluntaria en Casita Estrella es la que mas amor le ha dado a mi corazón.

 

¡Hasta el año próximo!